Internet no es la respuesta

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Internet no es la respuesta, de Andrew Keen (Editorial Casa Catedral, 2016) es la muestra de que el análisis es cada vez más importante en una sociedad donde se suceden los hechos a una velocidad de vértigo. El periodista norteamericano concluye que la evolución que ha tenido la Red en los últimos veinte años ha sido más perjudicial que beneficiosa para la sociedad.

Los creadores de Internet, y sus primeros explotadores económicos, nos vendieron que este invento nacido de la investigación militar serviría para mejorar el mundo y hacerlo más igualitario. Sin embargo, a lo largo de las páginas de Internet no es la respuesta, Keen demuestra con datos y múltiples referencias que ha sucedido todo lo contrario. Internet ha servido para hacer ricos a unos pocos y para empobrecer a muchos. La mayoría de las afirmaciones de Keen son evidentes, por lo que el valor de este libro se encuentra en la capacidad de reunir los principales hitos de Internet, y de los negocios montados a su alrededor, para contextualizar los perjuicios de esta nueva economía que empresarios y políticos nos venden como salvadora. Además, el autor de origen británico habla con algunos de los protagonistas de la «revolución digital» para mostrar sus intenciones y su peculiar código ético.

En la lista de los magnates de la economía digital se encuentran los creadores de Google, Amazon, Facebook o Instagram, por mencionar algunas de las empresas más conocidas. Se trata de negocios que pretenden acaparar el segmento de mercado en el que se mueven e incluso de extenderse a otros.

Menos empleo y más precariedad

Un ejemplo paradigmático de los negocios en Internet, tal y como están concebidos, es el de Kodak e Instagram. La primera empresa fue uno de los principales fabricantes de cámaras de fotos y películas fotográficas hasta finales de los años 90 del siglo pasado. Una compañía con más de 100 años de historia que sucumbió a la fotografía digital, las cámaras en los móviles y el efecto Instagram. Consecuencias de la inadaptación al ecosistema digital, pensarán algunos. Puede ser, aunque no creerán lo mismo sus más de 100.000 empleados, que se vieron sin trabajo tras la quiebra de Kodak.

La cuestión del empleo, con el mantra de que las nuevas tecnologías permiten crear trabajos mejores, es uno de los asuntos más espinosos tratados en el libro de Keen. Frente a los 100.000 empleados de Kodak, Instagram cuenta con una treintena, si llega. Otro ejemplo: en el sector del turismo, cadenas hoteleras como Marriot emplean a más de 127.500 personas en todo el mundo. Por su lado, AirBnb, el portal de Internet que intermedia en el alquiler de apartamentos entre propietarios y particulares, da trabajo a 1.600 personas.

La economía del “todo gratis”

Andrew Keen, que ha sido emprendedor en Internet y se ha relacionado con los principales popes de este sector, también analiza la cultura del “gratis total” en Internet. Películas, noticias, libros… Todo aquello que tiene que ver con la propiedad intelectual y que es fácilmente replicable ha perdido su valor para el usuario. La piratería de películas, programas informáticos y música es escandalosa en muchos países, entre los que destaca España.

Los periodistas también sufrimos esta nueva filosofía de todo gratis. Los grandes medios de comunicación ofrecieron en sus webs, desde el inicio de Internet, las mismas noticias que publicaban en su edición de pago, pero de forma gratuita. Confiaban en que una publicidad pagada a precios irrisorios sostuviese el negocio. Una estrategia suicida. Hoy, el desempleo y la falta de perspectivas en el sector periodístico es terrorífica. Y al ciudadano se le ha educado en la idea de que la información no tiene valor. Lo mismo ha sucedido con la música, sector en el que se han perdido cientos de miles de empleos y en el que portales como Spotify no dan de comer a los grupos musicales. Lo mismo se puede predicar de las películas y el cine.